Después de algún tiempo, y vaya q es algún tiempo, vuelvo a retomar este espacio, el cual espero hacerlo con mayor frecuencia publicando y compartiendo algunos pensamientos propios y de algunos cercanos míos y demás, con algunos criterios y comentarios que espero sirvan para generar debate y polémica en tod@s para ayudar a madurar en la Fe y a saber discernir, espero les guste lo que vuelvo ahora a presentar.
Methos
Hace unos días, Sábado 14 de septiembre para ser correctos, leíamos el c. 15 de Lc, que empieza exponiendo el contexto en
que se desarrollan las tres parábolas: la oveja, la moneda y el hijo
perdidos. Todos los publicanos y pecadores se acercaban a él. Los
fariseos y letrados critican a Jesús por esto. Las parábolas son una
respuesta de Jesús a esas murmuraciones. Los fariseos tenían una idea
equivocada de Dios. Pensaban acercarse a Él a través del cumplimiento de
la Ley. Tantas veces se nos ha inculcado la obligación de buscar a Dios
por ese camino, que nos quedamos con el culo al aire cuando el
evangelio nos dice que es Él el que nos está buscando siempre. No se
trata aquí de la conversión del pecador, sino de la bondad absoluta de
Dios para con nosotros.
A pesar de la radicalidad del domingo pasado (odia a tu familia,
ama la cruz, renuncia a todo), hoy nos dice el evangelio que los
“pecadores” se acercaban a Jesús para escucharle. Es la mejor
demostración de que no lo entendieron como rigorismo, sino como acogida
entrañable. Los fariseos y letrados (los buenos) se acercaban también,
pero para espiarle y condenarle. No podían concebir que un representante
de Dios pudiera mezclarse con los “malditos”. El Dios de Jesús está
radicalmente en contra del sentir de los fariseos. Toda la religiosidad
que nace de esta concepción equivocada de Dios es también equivocada.
Las parábolas no necesitan explicación alguna, pero exigen
implicación, es decir, que nos dejemos empapar por su mensaje. El dios
que nos hemos fabricando a nuestra imagen y semejanza tiene que saltar
por los aires. Atreverse a romper una y otra vez el ídolo es la tarea más
complicada de toda religión, porque ese ídolo es fruto de nuestros
intereses egoístas que pretenden manipular a la divinidad. El Dios de
Jesús se identifica con cada una de sus criaturas haciéndolas participes
de todo lo que él es. No somos nosotros los que tenemos que
“convertirnos” a Dios, porque Él está siempre vuelto hacia cada uno de
nosotros. No puede esperar nada de nosotros, pero nosotros, todo lo
recibimos de Él.
Las dos parábolas que hemos leído, van en la misma dirección. No
solo nos invitan a la confianza en un Dios que nos busca con amor sino
que trastocan radicalmente la idea de Dios, la idea de pecador y la idea
de justo. Si comparamos la primera lectura con el evangelio,
descubriremos el abismo que existe entre una concepción y otra. Pero se
trata de sustituir conceptos religiosos, que son los más difíciles de
desarraigar del corazón humano. Después de veinte siglos, seguimos
teniendo la misma dificultad a la hora de cambiar nuestro concepto de
Dios. Seguimos pensándolo como el que premia y castiga.
En los conceptos religiosos de la época, Jesús no pudo expresar
toda su experiencia de Dios. Pero si estamos atentos podemos descubrir
en su mensaje, rasgos definitivos del verdadero Dios. El Dios de Jesús
es, sobre todo, Abba; es decir, padre y madre que se entrega
incondicionalmente a sus criaturas. Es amor, misericordia y compasión.
Nada del ser poderoso que espera de nosotros vasallaje. Nada del juez
que analiza con meticulosidad nuestras acciones. Nada del impasible que
defiende su gloria por encima de todo. Las tres parábolas insisten en la
búsqueda, por su parte, del hombre, aunque se haya extraviado.
Hoy podemos apuntar a Dios con mucha más precisión que lo que
fueron capaces de expresar los evangelios, porque tenemos mejor
conocimiento del hombre y del mundo. Hoy sabemos que Dios no es un ser,
ni siquiera el más sublime de todos los seres. Lo que Dios es, lo ha
dejado plasmado en cada una de sus criaturas. Dios no puede ser aislado
de la creación. No es ni cada criatura ni el conjunto de lo creado; pero
tampoco es algo al margen, que se encuentra en alguna parte fuera de la
creación. El concepto de creación que hemos manejado hasta la fecha
debemos superarlos. Dios no “hizo” el mundo en un momento determinado.
La creación es la manifestación de Dios que no exige un principio
temporal.
El Dios de Jesús es don absoluto y total. No un don como
posibilidad, sino un don efectivo y ya realizado, porque es la base y
fundamento de todo lo que somos. Al decir que es Amor (agape) estamos
diciendo que ya se ha dado totalmente, y que no le queda nada por dar.
Jesús no vino a salvar, sino a decirnos que estamos salvados. Un
lenguaje sobre Dios que suponga expectativas sobre lo que Dios puede
darme o no darme, no tiene sentido.
Si somos capaces de entrar en esta comprensión de Dios, cambiará
también nuestra idea de “buenos” y “malos”. La actitud de Dios no puede
ser diferente para cada uno de nosotros, porque es anterior a lo que
cada uno es o pueda llegar a ser. El Dios que premia a los buenos y
castiga a los malos, es una aberración incompatible que el espíritu de
Jesús. Dios no nos ama porque somos buenos, al contrario, somos “buenos”
porque hemos descubierto lo que hay de Dios (Amor) en nosotros. Si
somos “malos”, es porque no hemos descubierto a Dios como base y
fundamento de nuestro ser.
Alguno puede pensar que aceptar la misericordia de Dios, invita a
escapar de la responsabilidad personal. Si Dios me va amar lo mismo
siendo bueno que siendo malo, no merece la pena esforzarse. Esta
reflexión, muy corriente entre nosotros, indica que no hemos entendido
nada del evangelio. Nada más contrario a la predicación de Jesús. La
misericordia de Dios es gratuita, eterna e infinita, aunque no puede
afectarme hasta que yo no la acepto y la haga mía. Creer que puedo
acogerme a la misericordia sin responder a su búsqueda, es entender la
relación con Dios de una manera mecánica, jurídica y externa. Al
contrario, la actitud de Dios para conmigo, tiene que ser el motor de
cambio en mí.
La máxima expresión de misericordia es el perdón. Entender el
perdón de Dios, tiene una dificultad casi insuperable, porque nos
empeñamos en proyectar sobre Dios nuestra propia manera de perdonar.
Nuestro perdón es una reacción a la ofensa del otro. En cambio, el
perdón de Dios es anterior al pecado. Dios es solo amor, pero nosotros
lo descubrimos como perdón, cuando nos sentimos perdonados, por eso para
nosotros está siempre unida al pecado. Para aclararnos un poco, vamos a
examinar dos conceptos: como podemos entender el perdón de Dios, y como
podemos entender el pecado.
Dios sólo puede amar. Decimos que Dios ama porque Él es amor, no
porque las cosas o las personas sean amables. Dios no ama las cosas
porque son buenas, sino que las cosas son buenas porque Dios las ama. El
perdón en Dios significa que su amor no acaba cuando nosotros fallamos,
como pasa entre los hombres. Si nosotros amamos unas criaturas y no
otras, se debe a nuestra ceguera, a nuestra ignorancia. Ahora
comprenderéis lo equívoco de nuestro lenguaje sobre Dios cuando hablamos
del su perdón como un acto.
Tenemos que cambiar el concepto de pecado como ofensa a Dios. Es
ridículo pensar que podamos ofender a Dios. La incapacidad de los
cristianos para aceptar a los “malos”, se debe a nuestro concepto de
pecado. Lo identificamos con la persona misma y no somos capaces de
descubrir que la persona es una cosa y su postura y sus acciones otra
muy distinta. El pecado es siempre fruto de la ignorancia. Para que la
voluntad se incline hacia un objeto, tiene que presentarlo el
entendimiento como bueno. Claro que el entendimiento puede ver una cosa
como buena, siendo en realidad mala. Esta es la causa de nuestros
fallos. Por eso, para superar una actitud de pecado, no debemos apelar a
la voluntad, sino al entendimiento.
Si las reflexiones que acabamos de hacer, son ciertas, ¿de qué
sirve la confesión? Mal utilizada, para nada. Pero si la sabemos
utilizar, es uno de los hallazgos más interesantes de los dos mil años
de cristianismo, porque responde a una necesidad humana. Somos nosotros,
no Dios, quienes necesitamos de la confesión como señal de su perdón.
La confesión no es para que Dios nos perdone, sino para que nosotros
descubramos el mal que hemos hecho y aceptemos el amor de Dios que llega
a nosotros sin merecerlo. Esa aceptación lleva consigo un proceso
interno, que es lo que intenta la confesión sacramental al facilitar la
apertura a ese amor de Dios que solo llega a nosotros cuando nos abrimos
a Él.

ESTIMADO ALEX: ES MUY INTERESANTE TU REFLEXIÓN DESDE LA VISIÓN DE UN DIOS QUE ES TODO Y NADA, AL MISMO TIEMPO, PERO HASTA QUE NO SE HIZO DE CARNE Y HUESO (VIVIR NUESTRAS PROPIAS REALIDADES SI LO TENEMOS COMO NORTE EN NUESTRO PROYECTO DE VIDA Y QUIZÁS NO QUE ESTUVO FÍSICAMENTE ENTRE NOSOTROS) NO CREAMOS ESE COMPROMISO DE COLOCARLO AL FRENTE PARA SEGUIRLO. ES INTERESANTE TU APRECIACIÓN DE PONER LA VOLUNTAD, AQUÍ ABAJO, PORQUE LA FUERZA VIENE DESDE ARRIBA, PERO PARA ESO HAY QUE TENER EN CUENTA QUE DEBE HABER UN COMPROMISO DE CONSIDERARSE UNA TAREA INCONCLUSA, PARA LA QUE DEBEMOS ESTAR ABIERTOS A TODOS LOS INFLUJOS AUNQUE DIOS YA NOS HAYA PERDONADO ANTES DEL PECADO. EL PECADO ES UN PROBLEMA EN EL ORIGEN, PUES NO DEPENDERÁ NUNCA DE NUESTRA APRECIACIÓN REAL DE UN MOMENTO DE OBSERVACIÓN DETENIDA NI INCLUSO DE UN IMPULSO CON PICARESCA, SINO DE DISPONER DE UN CÓDIGO MORAL Y PERSONAL QUE TE VINCULE CON EL OTRO, PUES RESPETAR A DIOS ES CONVERTIR A TU HERMANO EN LA FIGURA DE JESÚS DEAMBULANDO EN ESTE MUNDO. PARA FINALIZAR, LA ALEGRÍA DEL REENCUENTRO ES LA OPORTUNIDAD DE RECONOCER QUE SE SIGUE VACÍO DE CONCEPTOS PORQUE YA DERRAMASTE LO QUE HABÍAS DEGLUTIDO DE EXPERIENCIAS, EN FAVOR DE QUIENES LO NECESITABAN Y SIN GUARDARTE NADA PARA TI Y AHORA DEBES EMPAPARTE DE LA VIDA MISMA PARA REENCARNARTE EN LAS EXPERIENCIAS QUE APORTAS COMO ACTITUDES POSITIVAS EN ESTA VIDA. VIVIR ES LUCHAR TENIENDO A JESÚS COMO OBJETIVO Y A TU FORTALEZA INTERIOR A FAVOR DE REMODELARTE, CON O SIN PECADOS, PERO CON EL ARREPENTIMIENTO DE QUE TE REBOTÓ AFECTO, COMPRENSIÓN, DIGNIDAD Y APOYO POR LO QUE ESTUVISTE AL LADO DE QUIEN SE CONVIRTIÓ -POR UN MOMENTO- EN LA CARGA ELÉCTRICA PARA ESTE CARRO ECOLÓGICO QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO Y QUE NECESITAMOS DARLE CUERDA DE VEZ EN CUANDO. CON MUCHO AFECTO Y RESPETO PARA TI, BIEN LO SABES, DE TU MÉDICO Y TU AMIGO. JUAN
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