martes, 17 de septiembre de 2013

LA BONDAD ABSOLUTA DE DIOS PARA CON NOSOTROS




Después de algún tiempo, y vaya q es algún tiempo, vuelvo a retomar este espacio, el cual espero hacerlo con mayor frecuencia publicando y compartiendo algunos pensamientos propios y de algunos cercanos míos y demás, con algunos criterios y comentarios que espero sirvan para generar debate y polémica en tod@s para ayudar a madurar en la Fe y a saber discernir, espero les guste lo que vuelvo ahora a presentar.

Methos
 
Hace unos días, Sábado 14 de septiembre para ser correctos, leíamos el c. 15 de Lc, que empieza exponiendo el contexto en que se desarrollan las tres parábolas: la oveja, la moneda y el hijo perdidos. Todos los publicanos y pecadores se acercaban a él. Los fariseos y letrados critican a Jesús por esto. Las parábolas son una respuesta de Jesús a esas murmuraciones. Los fariseos tenían una idea equivocada de Dios. Pensaban acercarse a Él a través del cumplimiento de la Ley. Tantas veces se nos ha inculcado la obligación de buscar a Dios por ese camino, que nos quedamos con el culo al aire cuando el evangelio nos dice que es Él el que nos está buscando siempre. No se trata aquí de la conversión del pecador, sino de la bondad absoluta de Dios para con nosotros.
 
A pesar de la radicalidad del domingo pasado (odia a tu familia, ama la cruz, renuncia a todo), hoy nos dice el evangelio que los “pecadores” se acercaban a Jesús para escucharle. Es la mejor demostración de que no lo entendieron como rigorismo, sino como acogida entrañable. Los fariseos y letrados (los buenos) se acercaban también, pero para espiarle y condenarle. No podían concebir que un representante de Dios pudiera mezclarse con los “malditos”. El Dios de Jesús está radicalmente en contra del sentir de los fariseos. Toda la religiosidad que nace de esta concepción equivocada de Dios es también equivocada.
 
Las parábolas no necesitan explicación alguna, pero exigen implicación, es decir, que nos dejemos empapar por su mensaje. El dios que nos hemos fabricando a nuestra imagen y semejanza tiene que saltar por los aires. Atreverse a romper una y otra vez el ídolo es la tarea más complicada de toda religión, porque ese ídolo es fruto de nuestros intereses egoístas que pretenden manipular a la divinidad. El Dios de Jesús se identifica con cada una de sus criaturas haciéndolas participes de todo lo que él es. No somos nosotros los que tenemos que “convertirnos” a Dios, porque Él está siempre vuelto hacia cada uno de nosotros. No puede esperar nada de nosotros, pero nosotros, todo lo recibimos de Él.
 
Las dos parábolas que hemos leído, van en la misma dirección. No solo nos invitan a la confianza en un Dios que nos busca con amor sino que trastocan radicalmente la idea de Dios, la idea de pecador y la idea de justo. Si comparamos la primera lectura con el evangelio, descubriremos el abismo que existe entre una concepción y otra. Pero se trata de sustituir conceptos religiosos, que son los más difíciles de desarraigar del corazón humano. Después de veinte siglos, seguimos teniendo la misma dificultad a la hora de cambiar nuestro concepto de Dios. Seguimos pensándolo como el que premia y castiga.
 
En los conceptos religiosos de la época, Jesús no pudo expresar toda su experiencia de Dios. Pero si estamos atentos podemos descubrir en su mensaje, rasgos definitivos del verdadero Dios. El Dios de Jesús es, sobre todo, Abba; es decir, padre y madre que se entrega incondicionalmente a sus criaturas. Es amor, misericordia y compasión. Nada del ser poderoso que espera de nosotros vasallaje. Nada del juez que analiza con meticulosidad nuestras acciones. Nada del impasible que defiende su gloria por encima de todo. Las tres parábolas insisten en la búsqueda, por su parte, del hombre, aunque se haya extraviado.
 
Hoy podemos apuntar a Dios con mucha más precisión que lo que fueron capaces de expresar los evangelios, porque tenemos mejor conocimiento del hombre y del mundo. Hoy sabemos que Dios no es un ser, ni siquiera el más sublime de todos los seres. Lo que Dios es, lo ha dejado plasmado en cada una de sus criaturas. Dios no puede ser aislado de la creación. No es ni cada criatura ni el conjunto de lo creado; pero tampoco es algo al margen, que se encuentra en alguna parte fuera de la creación. El concepto de creación que hemos manejado hasta la fecha debemos superarlos. Dios no “hizo” el mundo en un momento determinado. La creación es la manifestación de Dios que no exige un principio temporal.
 
El Dios de Jesús es don absoluto y total. No un don como posibilidad, sino un don efectivo y ya realizado, porque es la base y fundamento de todo lo que somos. Al decir que es Amor (agape) estamos diciendo que ya se ha dado totalmente, y que no le queda nada por dar. Jesús no vino a salvar, sino a decirnos que estamos salvados. Un lenguaje sobre Dios que suponga expectativas sobre lo que Dios puede darme o no darme, no tiene sentido.
 
Si somos capaces de entrar en esta comprensión de Dios, cambiará también nuestra idea de “buenos” y “malos”. La actitud de Dios no puede ser diferente para cada uno de nosotros, porque es anterior a lo que cada uno es o pueda llegar a ser. El Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, es una aberración incompatible que el espíritu de Jesús. Dios no nos ama porque somos buenos, al contrario, somos “buenos” porque hemos descubierto lo que hay de Dios (Amor) en nosotros. Si somos “malos”, es porque no hemos descubierto a Dios como base y fundamento de nuestro ser.
 
Alguno puede pensar que aceptar la misericordia de Dios, invita a escapar de la responsabilidad personal. Si Dios me va amar lo mismo siendo bueno que siendo malo, no merece la pena esforzarse. Esta reflexión, muy corriente entre nosotros, indica que no hemos entendido nada del evangelio. Nada más contrario a la predicación de Jesús. La misericordia de Dios es gratuita, eterna e infinita, aunque no puede afectarme hasta que yo no la acepto y la haga mía. Creer que puedo acogerme a la misericordia sin responder a su búsqueda, es entender la relación con Dios de una manera mecánica, jurídica y externa. Al contrario, la actitud de Dios para conmigo, tiene que ser el motor de cambio en mí.
 
La máxima expresión de misericordia es el perdón. Entender el perdón de Dios, tiene una dificultad casi insuperable, porque nos empeñamos en proyectar sobre Dios nuestra propia manera de perdonar. Nuestro perdón es una reacción a la ofensa del otro. En cambio, el perdón de Dios es anterior al pecado. Dios es solo amor, pero nosotros lo descubrimos como perdón, cuando nos sentimos perdonados, por eso para nosotros está siempre unida al pecado. Para aclararnos un poco, vamos a examinar dos conceptos: como podemos entender el perdón de Dios, y como podemos entender el pecado.
 
Dios sólo puede amar. Decimos que Dios ama porque Él es amor, no porque las cosas o las personas sean amables. Dios no ama las cosas porque son buenas, sino que las cosas son buenas porque Dios las ama. El perdón en Dios significa que su amor no acaba cuando nosotros fallamos, como pasa entre los hombres. Si nosotros amamos unas criaturas y no otras, se debe a nuestra ceguera, a nuestra ignorancia. Ahora comprenderéis lo equívoco de nuestro lenguaje sobre Dios cuando hablamos del su perdón como un acto.
 
Tenemos que cambiar el concepto de pecado como ofensa a Dios. Es ridículo pensar que podamos ofender a Dios. La incapacidad de los cristianos para aceptar a los “malos”, se debe a nuestro concepto de pecado. Lo identificamos con la persona misma y no somos capaces de descubrir que la persona es una cosa y su postura y sus acciones otra muy distinta. El pecado es siempre fruto de la ignorancia. Para que la voluntad se incline hacia un objeto, tiene que presentarlo el entendimiento como bueno. Claro que el entendimiento puede ver una cosa como buena, siendo en realidad mala. Esta es la causa de nuestros fallos. Por eso, para superar una actitud de pecado, no debemos apelar a la voluntad, sino al entendimiento.
 
Si las reflexiones que acabamos de hacer, son ciertas, ¿de qué sirve la confesión? Mal utilizada, para nada. Pero si la sabemos utilizar, es uno de los hallazgos más interesantes de los dos mil años de cristianismo, porque responde a una necesidad humana. Somos nosotros, no Dios, quienes necesitamos de la confesión como señal de su perdón. La confesión no es para que Dios nos perdone, sino para que nosotros descubramos el mal que hemos hecho y aceptemos el amor de Dios que llega a nosotros sin merecerlo. Esa aceptación lleva consigo un proceso interno, que es lo que intenta la confesión sacramental al facilitar la apertura a ese amor de Dios que solo llega a nosotros cuando nos abrimos a Él.

1 comentario:

  1. ESTIMADO ALEX: ES MUY INTERESANTE TU REFLEXIÓN DESDE LA VISIÓN DE UN DIOS QUE ES TODO Y NADA, AL MISMO TIEMPO, PERO HASTA QUE NO SE HIZO DE CARNE Y HUESO (VIVIR NUESTRAS PROPIAS REALIDADES SI LO TENEMOS COMO NORTE EN NUESTRO PROYECTO DE VIDA Y QUIZÁS NO QUE ESTUVO FÍSICAMENTE ENTRE NOSOTROS) NO CREAMOS ESE COMPROMISO DE COLOCARLO AL FRENTE PARA SEGUIRLO. ES INTERESANTE TU APRECIACIÓN DE PONER LA VOLUNTAD, AQUÍ ABAJO, PORQUE LA FUERZA VIENE DESDE ARRIBA, PERO PARA ESO HAY QUE TENER EN CUENTA QUE DEBE HABER UN COMPROMISO DE CONSIDERARSE UNA TAREA INCONCLUSA, PARA LA QUE DEBEMOS ESTAR ABIERTOS A TODOS LOS INFLUJOS AUNQUE DIOS YA NOS HAYA PERDONADO ANTES DEL PECADO. EL PECADO ES UN PROBLEMA EN EL ORIGEN, PUES NO DEPENDERÁ NUNCA DE NUESTRA APRECIACIÓN REAL DE UN MOMENTO DE OBSERVACIÓN DETENIDA NI INCLUSO DE UN IMPULSO CON PICARESCA, SINO DE DISPONER DE UN CÓDIGO MORAL Y PERSONAL QUE TE VINCULE CON EL OTRO, PUES RESPETAR A DIOS ES CONVERTIR A TU HERMANO EN LA FIGURA DE JESÚS DEAMBULANDO EN ESTE MUNDO. PARA FINALIZAR, LA ALEGRÍA DEL REENCUENTRO ES LA OPORTUNIDAD DE RECONOCER QUE SE SIGUE VACÍO DE CONCEPTOS PORQUE YA DERRAMASTE LO QUE HABÍAS DEGLUTIDO DE EXPERIENCIAS, EN FAVOR DE QUIENES LO NECESITABAN Y SIN GUARDARTE NADA PARA TI Y AHORA DEBES EMPAPARTE DE LA VIDA MISMA PARA REENCARNARTE EN LAS EXPERIENCIAS QUE APORTAS COMO ACTITUDES POSITIVAS EN ESTA VIDA. VIVIR ES LUCHAR TENIENDO A JESÚS COMO OBJETIVO Y A TU FORTALEZA INTERIOR A FAVOR DE REMODELARTE, CON O SIN PECADOS, PERO CON EL ARREPENTIMIENTO DE QUE TE REBOTÓ AFECTO, COMPRENSIÓN, DIGNIDAD Y APOYO POR LO QUE ESTUVISTE AL LADO DE QUIEN SE CONVIRTIÓ -POR UN MOMENTO- EN LA CARGA ELÉCTRICA PARA ESTE CARRO ECOLÓGICO QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO Y QUE NECESITAMOS DARLE CUERDA DE VEZ EN CUANDO. CON MUCHO AFECTO Y RESPETO PARA TI, BIEN LO SABES, DE TU MÉDICO Y TU AMIGO. JUAN

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