domingo, 10 de mayo de 2009

La teología de la liberación se propaga, pese al veto del Vaticano.

Por: Leonardo Boff
Desde sus inicios a fines de los años 60, la Teología de la Liberación adoptó una perspectiva global, enfocada en la condición de los pobres y oprimidos en el mundo entero, víctimas de un sistema que vive de la explotación del trabajo y de la depredación de la naturaleza.
Este sistema explota a las clases trabajadoras y a las naciones más débiles. Y además reprime a los que oprimen y por lo tanto contrarían sus propios sentimientos humanitarios. En una palabra, todos deben ser liberados de un sistema que perdura desde al menos tres siglos y ha sido impuesto en todo el planeta.
La Teología de la Liberación es la primera teología moderna que ha asumido este objetivo global: pensar el destino de la humanidad desde la condición de las víctimas. En consecuencia, su primera opción es comprometerse con los pobres, la vida y la libertad para todos. Surgió en la periferia de las Iglesias centrales, no en los centros metropolitanos del pensamiento consagrado. Por ese origen ha sido siempre considerada con sospecha por los teólogos académicos y principalmente por las burocracias eclesiásticas y la de la Iglesia más importante, la romano-católica.
De su cuna en Latinoamérica la Teología de la Liberación pasó a África, se extendió a Asia y también a sectores del primer mundo identificados con los derechos humanos y la solidaridad hacia los desposeídos. La pobreza entendida como opresión revela muchos rostros: el de los indígenas que desde su sabiduría ancestral concibieron una fecunda teología de liberación indígena, la teología negra de la liberación que resiente las marcas dolorosas dejadas en las naciones que fueron esclavistas, el de las mujeres sometidas desde la era neolítica a la dominación patriarcal, la de los obreros utilizados como combustible de la maquinaria productiva. A cada opresión concreta corresponde una liberación concreta.
La cuestión teológica de base que hasta ahora no acabamos de responder es: ¿cómo anunciar creíblemente un Dios que es un Padre bondadoso en un mundo atestado de miserables? Sólo tiene sentido si implica la transformación de este mundo, de manera que los miserables dejen de gritar. Para que un cambio semejante tenga lugar ellos mismos tienen que tomar conciencia, organizarse y comenzar una práctica política de transformación y liberación social. Como en gran mayoría los pobres en nuestros países eran cristianos, se trataba de hacer de la fe un factor de liberación. Las Iglesias que se sienten herederas de Jesús, que fue un pobre y que no murió de viejo sino en la cruz como consecuencia de su compromiso con Dios y con su justicia, serían las aliadas naturales de este movimiento de cristianos pobres.
Este apoyo se ha verificado en muchas iglesias en las que ha habido obispos y cardenales proféticos como Helder Camara y Paulo Evaristo Arns en Brasil, Arnulfo Romero en El Salvador y muchos otros, así como numerosos sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos comprometidos políticamente.
En razón de su causa universal ya a inicios de los años 70 la Teología de la Liberación era un movimiento internacional y convocaba verdaderos foros teológicos mundiales. Se estableció un consejo editorial integrado por más de cien teólogos latinoamericanos para compilar una sistematización teológica desde la perspectiva de la liberación en 53 tomos. Ya se habían publicado 13 tomos cuando el Vaticano intervino para hacer abortar el proyecto. El entonces cardenal Joseph Ratzinger fue riguroso. Cortó de raíz un trabajo promisor y benéfico para todas las iglesias periféricas y especialmente para los pobres. Pasará a la historia como el cardenal -y después Papa- enemigo de la inteligencia de los pobres.
La Teología de la Liberación creó una cultura política. Ayudó a formar organizaciones sociales como el Movimiento de los Sin Tierra, la Pastoral Indígena, el Movimiento Negro y fue fundamental en la creación del Partido de los Trabajadores en Brasil cuyo líder, el Presidente Lula siempre se reconoció en la Teología de la Liberación.
Hoy en día esta teología ha trascendido los límites confesionales de las Iglesias y se ha convertido en una fuerza político-social. Además de Lula se identifican públicamente con la Teología de la Liberación el Presidente Rafael Correa del Ecuador, el Presidente de Paraguay y ex obispo Fernando Lugo, el Presidente Daniel Ortega de Nicaragua, el Presidente Hugo Chávez de Venezuela y el actual Presidente de la Asamblea de las Naciones Unidas, el sacerdote nicaraguense Miguel de Escoto. Su fuerza mayor no reside en las cátedras de los teólogos sino en las innumerables comunidades eclesiásticas de base (sólo en Brasil existen cerca de cien mil), en los millares y millares de círculos en los que se lee la Biblia en el contexto de la opresión social y en las llamadas pastorales sociales.
Roma incurre en la profunda ilusión de creer que con sus documentos doctrinarios emitidos por burocracias frías y distantes de la vida concreta de los fieles conseguirá frenar la Teología de la Liberación. Ella nació oyendo el grito de los pobres y hoy la conmueve el grito de la Tierra. Mientras los pobres continúen lamentándose y la Tierra gimiendo bajo la virulencia productivista y consumista, habrá mil razones para sentir el llamado de una interpretación libertaria y revolucionaria de los evangelios. La Teología de la Liberación es la respuesta a una realidad injusta y salva a la Iglesia central de su alienación y de un cierto cinismo.

¿Vivir mejor o

Por: Leonardo Boff

Según la ideología dominante, todo el mundo quiere vivir mejor y disfrutar de una mejor calidad de vida. De modo general asocia esta calidad de vida al Producto Interior Bruto de cada país. El PIB representa todas las riquezas materiales que produce un país. Entonces, de acuerdo con este criterio, los países mejor situados son Estados Unidos, seguido de Japón, Alemania, Suecia y otros. El PIB es una medida inventada por el capitalismo para estimular la producción creciente de bienes materiales de consumo.
En los últimos años, a la vista del crecimiento de la pobreza y de la urbanización favelizada del mundo y hasta por un sentido de decencia, la ONU introdujo la categoría IDH, el ''Índice de Desarrollo Humano''. En él se incluyen valores intangibles como salud, educación, igualdad social, cuidado de la naturaleza, equidad de género y otros. Ha enriquecido el sentido de ''calidad de vida'' que era entendido de forma muy materialista: goza de una buena calidad de vida quien consume más y mejor. Según el IDH, la pequeña Cuba se presenta mejor situada que Estados Unidos aunque con un PIB comparativamente ínfimo.
Por delante de todos los países está Bután, encajonado entre la China y la India, a los pies del Himalaya, muy pobre materialmente pero que estableció oficialmente el ''Índice de Felicidad Interna Bruta''. Esta no se mide por criterios cuantitativos sino cualitativos, como buen gobierno de las autoridades, distribución equitativa de los excedentes de la agricultura de subsistencia, de la extracción vegetal y de la venta de energía a la India, buena salud y educación y especialmente buen nivel de cooperación de todos para garantizar la paz social.
En las tradiciones indígenas de Abya Yala, nombre para nuestro continente indoamericano, en vez de ''vivir mejor'' se habla de ''el buen vivir''. Esta categoría entró en las constituciones de Bolivia y Ecuador como el objetivo social a ser perseguido por el Estado y por toda la sociedad.
El ''vivir mejor'' supone una ética del progreso ilimitado y nos incita a una competición con los otros para crear más y más condiciones para vivir mejor. Sin embargo, para que algunos puedan ''vivir mejor'' millones y millones han tenido y tienen que ''vivir mal''. Es la contradicción capitalista.
Por el contrario, ''el buen vivir'' apunta a una ética de lo suficiente para toda la comunidad y no solamente para el individuo. Supone una visión holística e integradora del ser humano, inmerso en la gran comunidad terrenal, que incluye además de al ser humano, el aire, el agua, los suelos, las montañas, los árboles y los animales; es estar en profunda comunión con la Pachamama (Tierra), con las energías del Universo y con Dios.
La preocupación central no es acumular. Además, la Madre Tierra nos proporciona todo lo que necesitamos. Con nuestro trabajo suplimos lo que ella por las excesivas agresiones no nos puede dar o la ayudamos a producir lo suficiente y decente para todos, también para los animales y las plantas. El ''buen vivir'' es estar en permanente armonía con todo, celebrando los ritos sagrados que continuamente renuevan la conexión cósmica y con Dios.
El ''buen vivir'' nos convida a no consumir más de lo que el ecosistema puede soportar, a evitar la producción de residuos que no podemos absorber con seguridad y nos incita a reutilizar y reciclar todo lo que hemos usado. Será un consumo reciclable y frugal. Entonces no habrá escasez.
En esta época de búsqueda de nuevos caminos para la humanidad la idea del ''buen vivir'' tiene mucho que enseñarnos.

sábado, 9 de mayo de 2009

'Nosotros el pueblo' al 'Rey del mundo': ¡Estás despedido!

Por: Michael Moore

Amigos,
Nunca había sucedido algo semejante. El presidente de EE.UU., representante elegido del pueblo, acaba de decir al jefe de General Motors -una compañía que ha pasado más años que ninguna otra como la Nº 1 en la lista de los 500 de la revista Fortune-: ''¡Estás despedido!''
Simplemente no puedo creerlo. Esta acción sorprendente, sin precedentes, me dejó sin habla durante dos días. Me digo todo el tiempo: ''¿Despidió realmente Obama al presidente General Motors? ¿La corporación más rica y más poderosa del Siglo XX? ¿Puede hacer algo semejante? Bueno, ¡maldita sea! ¿Qué otra cosa puede hacer?!''
Esa acción audaz enloqueció a los jefes de EE.UU. corporativo y los hizo vomitar hiel. Obama ha promulgado su edicto: El gobierno de, por y para el pueblo está a cargo de este país, no el gran dinero.
John McCain lo comprendió. En el hemiciclo del Senado preguntó: ''¿Qué dice esta señal a los jefes de otras corporaciones e instituciones financieras sobre si el gobierno federal va a despedirlos también?'' El senador lo dijo: ''enviará un escalofrío a todos los estadounidenses que creen en la libre empresa.'' El mercado bursátil se cayó cuando los amos del universo se preguntaron: ''¿Soy el próximo?'' Y murmuraron entre sí: ''¿Qué vamos a hacer con este Obama?''
No podrán hacer gran cosa, amigos. Tiene el apoyo de la voluntad masiva del pueblo estadounidense - y le hemos dado permiso para que haga lo que considere apropiado. Si os gustó el gol de tres puntos de esta semana, manteneos al tanto.
Os escribo esta carta en recuerdo de los cientos de miles de trabajadores que durante los últimos más de 25 años han sido tirados a la basura por General Motors. A muchos les arruinaron sus vidas para siempre. Cayeron en el alcohol o la droga, sus matrimonios se rompieron, algunos se suicidaron. La mayoría siguió adelante, se mudó, se mudó lejos, se mudó afuera. Terminaron trabajando en dos trabajos por la mitad de lo que ganaban en GM. Y maldijeron al presidente de GM por arruinar sus vidas.
Ninguno de ellos pensó algún día que verían al presidente de GM recibiendo el mismo trato. Por cierto, el presidente Wagoner no tendrá que firmar para obtener vales alimenticios o será desalojado de su casa o se verá obligado a decir a sus hijos que irán al colegio comunitario, no a la universidad. En su lugar, recibirá un paracaídas de oro de 23 millones de dólares. Pero la nota de despido sigue siendo la misma, como las recibidas por cientos de miles por otros - excepto que la suya fue enviada por nosotros, a través de Obama. Ahí está la puerta, hombre. Hasta la vista. No quisiera estar en tu lugar.
Hoy comencé mi día en Washington. Fui al Senado de EE.UU. y entré a la audiencia de su Comité de Finanzas sobre el rescate de Wall Street. Los controladores querían saber cómo los bancos gastaron el dinero. Y muchos de los bancos no están dispuestos a decírselo. Han recibido billones de dólares y nadie sabe adónde se fue el dinero. Ciertamente no fue utilizado para crear puestos de trabajo, ayudar a deudores hipotecarios, o liberar préstamos que la gente necesita. Fue tan estremecedor escucharlo, tuve que irme antes del fin. Pero me dio una idea para la película que estaba filmando.
Después, me detuve en los Archivos Nacionales y me puse en fila para ver la copia original de nuestra Constitución. Pensé en cómo hace veinte años, que se cumplen este mes, yo iba por la calle terminando mi primera cinta, una súplica personal para advertir a la nación sobre GM y la economía letal que dirigía. En ese día de marzo en 1989 estaba arruinado, había cobrado mi último cheque de desempleo, me basaba en ayuda de mis amigos (Bob y Siri me llevaban a comer y siempre pagaban la cuenta, el gerente adjunto del cine me hacía entrar a escondidas para que pudiera ver de vez en cuando una película, Laurie y Jack me compraron una vieja máquina Steenbeck (de edición), John Richard me pasó un pasaje de avión que no había utilizado para que pudiera ir a casa para Navidad, Rod hacía cualquier cosa para ayudarme y me llevaba a Flint cada vez que necesitaba algo para la cinta). Mi difunta madre (hubiese cumplido 88 mañana si todavía estuviera entre nosotros) y mi padre, trabajador automovilístico en GM, me dijo en la cocina que querían ayudarme y me entregó un cheque de sorprendentes mil dólares. No sé si siquiera tenían mil dólares. Lo rechacé, e insistieron en que lo aceptara - ''¡No!'' y entonces, en esa voz paternal, me dijo que debía cobrarlo para terminar mi película. Lo hice. Y la terminé.
Así que ese día de marzo en 1989, mientras iba conduciendo por Pennsylvania Avenue, mi coche, viejo de nueve años, simplemente se murió. Me acerqué al borde de la acera, apoyé mi cabeza en el volante y comencé a llorar. No tenía dinero para llevarlo a reparar, y ciertamente tampoco tenía para pagar la grúa remolque. Así que me bajé, desatornillé las matrículas para que no me multaran, me di media vuelta y simplemente me fui para no volver. Miré al edificio a mi lado. Decía ''Archivos Nacionales.'' ¿Hay un sitio mejor para donar mi viejo coche? pensé, mientras caminaba a casa.
Aunque mi vida no fue fácil, nunca tuve que sufrir lo que tantos de mis amigos y vecinos sufrieron gracias a General Motors y un sistema económico manipulado en su contra. Me pregunto lo que habrán pensado todos cuando se levantaron este lunes para leer en Detroit News o en Detroit Free Press los titulares de que Obama había despedido al presidente de GM. Oh - esperad un minuto. No lo pudieron leer. Ya no habría ni Free Press ni el News. El lunes fue el día en el que ambos periódicos dejaron de entregar a domicilio. Las entregas fueron canceladas (o lo seguirán siendo cuatro días por semana) porque los diarios, como General Motors, como Detroit, están arruinados.
Espero la próxima acción del presidente como súper héroe.
Atentamente,
Michael Moore

Correa, sin vueltas

Por: Marcos Salgado

''Correa una sola vuelta, una sola vuelta, Ecuador'', decía el pegadizo jingle de campaña del candidato que corriendo desde atrás llegó a ganar las elecciones generales de Ecuador hace dos años y unos meses, aunque no fue en la primera, sino en ballotage.
Corría noviembre de 2006 y muchos no lograban explicarse aún cómo ese joven economista educado en Harvard, tras un efímero paso como ministro de Economía de uno de los tantos efímeros gobiernos del Ecuador, llegaba a consagrarse presidente remontando una intención de voto que no superaba el 2 por ciento en enero de ese mismo año.
Sin embargo, la explicación estaba a la vista, no se trataba tanto del hombre, sino de lo que prometía: una refundación institucional del Ecuador para superar dos décadas de inestabilidad, combinaciones inacabables de gobiernos militares o bajo tutela de las botas, civiles conservadores, golpes palaciegos e intrigas, más levantamientos populares, indígenas y ciudadanos, que devenían luego en efímeras esperanzas.
Correa terminó con ese círculo vicioso postulando la realización de una Asamblea Constituyente, a la cabeza de un movimiento heterogéneo que crecía geométricamente, a la par de su intención de voto: la Alianza PAIS, animada especialmente por sectores medios urbanos.
Dos años y cinco meses después. Correa junto con su vicepresidente Lenin Moreno, cierran el ciclo revalidando su liderazgo en una nueva elección presidencial pero bajo la nueva constitución reformada en profundidad por una Asamblea Constituyente menos problemática que la de Bolivia, el otro país de la región que lleva adelante un proceso similar. Allí, las elecciones generales serán en diciembre, si el presidente Evo Morales logra campear, como hasta ahora, las zancadillas de una oposición dispuesta a todo, hasta contratar mercenarios para desestabilizar y/o perpetrar un magnicidio.
Según los datos oficiales al cierre de esta nota, cuando el conteo del Consejo Nacional Electoral llevaba escrutado el 77,01% de los votos válidos, Rafael Correa alcanzaba el 51,87%; muy lejos, Lucio Gutiérrez trepaba al 27,96% y tercero Álvaro Noboa, ya sempiterno perdedor en elecciones generales, con el 11,62%. De cualquier forma, la importante diferencia entre Correa y Gutiérrez que reflejaron los exits-polls en la noche del domingo alcanzaron para la proclamación del mandatario nuevamente electo.
Frente al comité central partidario, Correa le dijo a la multitud que su nuevo gobierno sería de radicalización del camino iniciado. ''Más que cambiar de rumbo se trata de profundizar los cambios que ya hemos iniciado, hacerlos más radicalmente, más aceleradamente'', indicó Correa.
El presidente también anticipó un triunfo del oficialismo en las legislativas, que se realizaron en paralelo. ''Podemos tener una mayoría con holgura'', señaló y renovó su compromiso con los más desfavorecidos. ''Retomaremos nuestro origen: nosotros estamos aquí por los pobres, no es una opción excluyente (...), pero lo tenemos claro: nuestra opción preferencial es por los más pobres de este país y nuestro compromiso, erradicar la miseria'', remarcó Correa, consciente de cuál fue se fuerte en estos primeros años de gobierno: la redistribución del ingreso en forma de planes sociales hacia los más pobres.
Pero no todas son virtudes en este triunfo de mayorías inéditas en el Ecuador (nunca un presidente había sido proclamado en primera vuelta). Lucio Gutiérrez, el ex presidente que salió expulsado por el descontento popular en 2005 se recicló en populista con buena llegada en los sectores más humildes, y cosechó un 30 por ciento que, bancas más bancas menos -no hay números definitivos en ese rubro- le permitirá obtener una bloque en la nueva Asamblea Nacional que puede convertirse en árbitro en las coyunturas donde se necesiten mayorías parlamentarias especiales.
El presidente Correa lo sabe, por eso dedicó varios minutos en sus mensajes de triunfo el domingo a convocar a ampliar la Alianza PAIS a otros sectores sociales y políticos. Tiene a su favor un resultado alentador, la victoria del candidato oficialista en la alcaldía de Quito, habla de una extensión del soporte social para Alianza PAIS en la estratégica capital de la Nación.
Pero otra luz roja en el tablero oficialista son las intendencias y prefecturas que quedaron en manos opositoras. En Guayaquil, la ciudad más grande y principal puerto del Ecuador, volvió a triunfar Jaime Nebot, el derechista al que muchos desearían ver como candidato para convertir en tormenta tropical al huracán Correa. Muchos medios desean eso, a juzgar por la trascendencia noticiosa que se le otorgó a la victoria de Nebot en Guayaquil, donde de cualquier forma y es bueno anotarlo, el presidente Correa triunfó por más del 40%.
Y las sombras crecen, claro, a la hora de revalidar políticas redistributivas en medio de las crisis capitalista internacional, que impacta en el Ecuador por la baja del precio del petróleo y la sensible merma en el envío de remesas en dólares de ecuatorianos en el exterior (son más de 3 millones contra 14 que viven en el país). En avivar el miedo a la crisis se basó buena parte de la campaña opositora. El domingo las mayorías le dijeron no al chantaje, y le dieron a Rafael Correa un nuevo voto de confianza.

Disculpen la molestia

Por: Eduardo Galeano


Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.
¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?
El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?
¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?
¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?
Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?
¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?
¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. McDonald's, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?
¿Quiénes son los justos y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?
¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de "crimen organizado"?
Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.
Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?
¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?
¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.
Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.
En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo era, traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?
Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?
¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?
¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?
Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ese un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?
¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?
Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?
Según Lewis Carroll, la Reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:
"Ahí lo tienes –dijo la Reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final".
En El Salvador, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. El murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.
El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?
A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.