domingo, 12 de abril de 2009

LAS NUEVAS TENDENCIAS IDEOLÓGICAS LATINOAMERICANAS

América Latina, el continente y sus islas han sido capaces de autodefinirse como ningún otro continente lo ha hecho a lo largo de la historia. Otros continentes no se sienten a sí mismo como éste.

Las muchas patrias que hacen esta América, son incluso una sola patria, la Patria Grande, su vinculación con Dios y con la tierra, son destacadamente matriarcales. Todos los latinoamericanos, legítimos o no, sienten el continente como una especie de hogar común; hay entre nosotros, un fuerte sentido de consanguinidad por el que hacemos nuestros, a los pensadores, héroes, mártires, artistas; las causas de pensamiento liberador, de cualquier rincón, de cualquier ángulo del continente; todo esto frente a la geopolítica mortal del imperio, de las sucesivas naciones dominadoras o de las actuales corporaciones transnacionales. En América Latina ha ido surgiendo la conciencia y hasta la estructuración de la geopolítica vital, de la intersolidaridad de todo el continente, aquí nacen todas las ideologías que hoy vivimos, con una síntesis de los vientos traídos desde Europa, aunque hombres y mujeres de estas tierras, ya comenzaron a pensar sobre sí mismos y sobre su entorno real. Es como van naciendo las ideologías, entendiéndose por ideología, el conjunto de ideas tendientes a la conservación o la transformación del sistema existente, en sus estructuras económica, social, política, cultural y religiosa, que caracterizan a un grupo, institución, movimiento cultural, social, etc. O como dirá Sartré, la ideología genera un modo de ver la realidad. Sin embargo, hay que aclarar que son tres ideologías, muy marcadas que se han vivido en algunos países latinoamericanos: liberalismo-conservadurismo, marxismo–leninismo y seguridad nacional. El origen de la mayoría de las ideologías se encuentra en una corriente filosófica. El sentido más elaborado de ideología es el de Hegel y Marx, considerando la ideología como una dialéctica del pensamiento (idealismo), o el pensamiento sobre la materia (materialismo).

En América Latina se comenzó a percibir estas corrientes, sin olvidar jamás sus fuentes originales de pensamiento, por eso hasta ahora poco han calado las ideologías foráneas sino únicamente en las élites universitarias. Lo nuestro ha sido el fiel reflejo de un pensamiento y sentimiento de sojuzgamiento y opresión, el despojo no sólo de espacios geográficos sino del derecho que tienen los hombres de ser ellos mismos, de pensar por sí mismos, de ser dueños de su cultura. Si el ser humano se identifica con su creador, por ser amante y libre, por conocer; estas raíces nos impulsan a seguir el ejemplo de los grandes de nuestra América, sus ideales los llevó a la liberación y a la lucha tenaz contra los opresores, sus ideas se hicieron canto, clamor, grito, sangre y muerte, pero por sobre todo libertad, la resistencia indígena desde hace más de 500 años, tiene nombres inmortales frente a la acción conquistadora de los europeos, merecen recuerdo especial los héroes de pensamiento y de acción indígena que dieron ejemplo de valor y heroísmo. El pensamiento y gestas heroicas como el de nuestros inmortales Atahualpa y Rumiñahui, y entre otros: Túpac Amaru en el Perú, Túpac Catari en Bolivia, Cuauhtémoc en México, Caupolican en Chile, Enriquillo en República Dominicana, Calarca en Colombia, Antonio Felipe Camarao en Brasil, entre otros, el proceso dialéctico de la historia ha llevado a los mestizos a ser pujantes desde sus raíces, su conciencia creciente hace que cada vez más se deteste, en los sectores concientes de la patria grande, los gobiernos o figuras lacayas, y los programas político, económicos, socioculturales servilmente sometidos.

Esta patria grande, más que una patria ya hecha es una patria utópica. Lo mejor de lo que sueña, los mejores de ayer y de hoy, las luchas y martirios, las marchas, los gritos y los cantos de los indígenas, pensadores, obreros, sindicatos y juventud universitaria, han hecho de América Latina, por muchos títulos, el continente de la esperanza. Porque posee una de las mayores biodiversidades del planeta y una rica sociodiversidad, representada por sus pueblos y culturas. Somos la tierra de aquella flor nuestra defendida por los pueblos Azteca, Maya e Inca, somos el talento brillante de Eugenio Espejo y Montalvo, somos la reivindicación de género con Manuelita Sáenz y Matilde Hidalgo, la denuncia artística de Guayasamín y Kingman, somos el quilombo liberador del Brasil, la patria grande de Bolívar y Rodó, la América nuestra, de Martí y Sandino, el alma matinal de Mareátegui, el hombre y la mujer nuevos del Che Guevara, el gracias a la vida de Violeta Parra, la cantata sudamericana de Mercedes Sosa, el fino romanticismo de Neruda y la Mistral; estos hombres y mujeres fueron y serán más que una ideología, son nombres luminosos y quedará una inmensa muchedumbre de esos 500 años de resistencia indígena, negra y popular, pues esta patria grande también esta tejida de sangre de los negros traídos desde África como esclavos para América.

Se trata de una herencia específicamente indígena, los grandes libros sagrados de nuestros pueblos primigenios son verdaderas Biblias de utopía humana y social; y el mito fundante del pueblo Guaraní, la búsqueda de la tierra sin males atraviesa la mitología y la ideología de antiguos y nuevos hombres de Abya Yala o tierra fecunda de América Latina. Esta característica de soñar y de poner la utopía como programa de revolución, de partido y hasta de gobierno nos ha sido reprimida por los racionalistas del primer mundo. Esta utopía es el cimiento y el vuelo de los mejores procesos sociales que el continente ha vivido. Solamente la utopía latinoamericana amada, defendida y proclamada, sostiene en el continente organizaciones y experiencias tenazmente alternativas: frentes, partidos, movimientos, comités, prácticas comunales y de solidaridad, narrados por Icaza en su Huasipungo y Ortiz en Juyungo. En Ecuador de manera especial, en las últimas décadas el levantamiento indígena ya tiene historia. Actualmente nuestra elite indígena, negra y montubia han cubierto buena parte de sus reivindicaciones reclamando el respeto a sus derechos.

Mientras haya imperio y colonialismo, muchos pueblos estarán prohibidos de ser ellos y ser libres, mientras hayan pueblos explotados, de tercer y cuarto mundos, despreciados por la ambición o la prepotencia de otros, habrá imperialismo. La encíclica Sollicitudo Rei Socialis de Juan Pablo II, hace una advertencia: “anti imperialismo significa la contestación radical a todo colonialismo y dominación o hegemonía sociopolítico–económico–cultural”. Pero ya sabemos que el mejor modo de seguir imperando es hacer creer que ya no se impera. Hay también una actitud neoliberal que defiende a toda costa la libertad de las personas individualmente, dejando al lado la liberación de los pueblos. Puro egoísmo y falacia camuflada. De hecho no hay personas libres en pueblos esclavos. No nos basta con ser libres para votar, queremos ser libres para vivir libremente. En cristiano o en bíblico, sería bueno recordar que Dios ha hecho a las personas a su imagen y semejanza, iguales en dignidad y no precisamente en moldes.

En ninguna época de la historia humana un imperio ha sido más rico ni más poderoso, ni en ningún momento de la historia humana una colonia ha sido más numerosa y más pobre que esta colonia del tercer mundo, porque los mecanismos de enriquecimiento y de empobrecimiento, de dominación y de dependencia han sido más poderosos y legalmente estructurados. Porque el nuevo orden mundial con la ley de libre comercio se da el lujo de definir cuantas personas tienen derecho a nacer y cuantos nacidos tendrán derecho a sobrevivir. Para que no pueda existir un primer mundo egoísta y deshumanizado, aspiremos a formar en América Latina una familia grande, mucho más humana. La contestación ha esa dominación macro imperial significa para nosotros la afirmación primigenia de la propia vida. El mecanismo de la deuda externa y el fondo monetario internacional, es la máxima guerra, el genocidio mayor que se haya vivido en la historia humana, mucho más que los campos de concentración nazis. Es la guerra que más muertos causa.

América nace como América sintiéndose dependiente, invadida, sojuzgada, como sometida y como colonia. Fue primero el imperio español. Hoy es el macro imperio transnacional del país del norte. Eso explica la permanente posición anti imperialista y libertaria de nuestros próceres de las independencias; antes y más radicalmente de los grandes lideres indígenas y negros; de nuestros artistas e intelectuales, de las mismas expresiones de la cultura popular.

Las ideologías han desorientado a la política y a los gobiernos, pisoteando al pueblo con la más grave injusticia que ha desembocado en la proliferación del narcotráfico, de líderes equivocados que sostienen las narcoguerrillas y paramilitarismo, grupos violentos que destruyen a la juventud, a las familias y a sus pueblos. En esto reside la búsqueda sin fin de nuestra propia identidad, como gente ambigua que, no siendo ya indígena, ni africana, ni europea tarda todavía en asumir con orgullo el pueblo nuevo que somos.

Pueblo, sino mejor, por lo menos más humano que la mayoría, puesto que está hecho de las más variadas humanidades, pueblo que ha sufrido durante siglos la miseria y la opresión más brutales y continuadas, aún muy llagado por las marcas de la esclavitud y del colonialismo, muy mal servido, por un alienado e infiel grupo de intelectuales, pero pueblo que se abre ya para el futuro y en marcha ya para crear su propia civilización movido por el hambre insaciable de felicidad y alegría. Surgimos así como pueblos nuevos, que tenemos futuro, sus hazañas no están en el pasado sino en el porvenir, haber construido como bastos pueblos lingüística, cultural y étnicamente homogéneos, están llamados a crear una nueva condición humana, quizá mucho más solidaria.

Nosotros los latinos no podemos entrar en la danza de glorias pasadas, aquellos horrores, fueron dolores de parto en medio de un genocidio iniciado en la conquista. Lo que merece tomarse en cuenta no sólo es la sangre derramada, sino la criatura que allí se engendró. Somos parcela fecunda que se prepara para realizar su mayor gesta libertaria, para lograr todas sus potencialidades, una latinidad mejorada y renovada, revestida de nuevas ideas, aspiraciones de carnes indias y negras, heredera de la sabiduría de vivir de los pueblos de la floresta y el páramo, de las altitudes andinas y de los mares. Unidos todos los pueblos de la patria grande, por Dios amor que es nuestra raíz, por el evangelio y su primer evangelizador Cristo, que ofrece la liberación del egoísmo que es la raíz de la verdadera revolución del mundo, los jóvenes creemos que sólo el amor es revolucionario, Cristo está siempre activo por todo el que lucha por la justicia y la fraternidad universal. Ya podemos hacer nuestro aquel grito de apasionada esperanza que heredamos de nuestros hermanos mayas:

“Arrancaron nuestro frutos, cortaron nuestras ramas, quemaron nuestro tronco pero no pudieron matar nuestras raíces”. Latinoamericanos, nacidos para amar y luchar por la reivindicación de nuestros derechos con altura y dignidad humanas, convencidos que la justicia nos lleva a la liberación total, camino seguro para la paz.

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